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El príncipe Murat, octavo príncipe Murat y actual jefe de la Casa Murat, evoca, en la introducción a este portal web,  la extraordinaria, majestuosa y fascinante personalidad de su predecesor, el Gran Murat:

 “Italianos, ha llegado el momento en que grandes destinos se deben realizar. La Providencia os llama a la libertad. Es un grito que se oye desde los Alpes hasta el estrecho de Messina. Es el grito de independencia de Italia. Italianos uníos y que un gobierno elegido por ustedes, y una Constitución digna de este siglo,  proteja vuestra libertad y vuestras propiedades.”

 

¿Quién es el autor visionario de este llamado mágico? Es Joachim Murat, rey de Nápoles, en su proclama de Rímini del 30 de marzo de 1815, donde el sueña con una Italia unificada e independiente.

El héroe, el legendario vencedor de las batallas de Abukir, de Iena, de Eylau y de Borodino, el comandante del ala izquierda de la Grande Armée en la batalla de Austerlitz, el “dios de la caballería”, el “ídolo del Ejército”, que reúne las proezas de un cruzado y de un caballero de los tiempos modernos, es el mismo hombre: Murat.

Es él quien el 13 vendémiaire (5 de octubre de 1795), apoderándose de los cañones del campo de Sablons, en Neuilly,  le permite a Bonaparte quebrar la insurrección realista,  lo que marca el comienzo del ascenso de su futuro cuñado. Murat fue aquel que  con su audaz acción durante la jornada del 18 brumario (9 de noviembre de 1799) le entregó a Bonaparte las llaves del poder…  Sin él, no habría habido ni Consulado, ni Imperio.

marechalmurat1-300x198El gran duque de Berg y de Cleves, el que reorganiza y moderniza  la parte de Alemania cuya capital es Düsseldorf, es él, Murat, el “paladín”, según la expresión de Napoleón.

Rey de Nápoles y de las Dos Sicilias,  Murat libera la isla de Capri de la dominación inglesa, de Hudson Lowe, el futuro carcelero de Napoleón en Santa Helena. Murat administra con maestría el reino de Nápoles,  lo libera del feudalismo,  desarrolla su economía,  pacifica y sanea sus provincias. El fomenta el florecimiento cultural y artístico de ese reino,  promulga el Código Civil, lucha contra el analfabetismo y por la extinción del pauperismo, como hará, años después, su sobrino el emperador Napoleón III.  Murat mejora las rutas de transporte, lucha contra el bandolerismo en Calabria. Ese soberano pionero e visionario es él, Murat. El marido de Caroline Bonaparte, la hermana de Napoleón I, también es él. Gran hombre de múltiples facetas, Murat fue igualmente un “fundador de epopeyas”, como lo dice el historiador Jean Tulard.

Mariscal y Gran Almirante de Francia,  príncipe del Imperio y de la familia imperial, gran duque de Berg y de Cleves, rey de Nápoles y de las Dos Sicilias, miembro de la familia imperial. Para dejar en claro y hacer hincapié en la verdadera dimensión de Murat, de su vida sorprendente y de tan múltiples resplandores,  con acentos shakesperianos y románticos,  en el corazón mismo del Imperio, donde lo humano rivaliza con lo sobrehumano, escuchemos de nuevo a Jean Tulard quien nos dice:

 “Nacionalismo e independencia, esas palabras resucitadas en la batalla de Valmy entierran a los filósofos de las Luces y a los déspotas ilustrados. Murat probablemente las había escuchado y comprendido antes que Napoleón quien no les hará eco sino mucho más tarde en la prisión de Santa Helena (e incluso sus palabras pueden haber sido redactadas por Las Cases). Así, el “sablista”  es quien a la cabeza de una Europa de Naciones,   habría hecho de ésta algo más sólido que el Gran Imperio y  habría evitado las revoluciones de 1830 y 1848. Entre dos tíos, Napoleón I y Murat,  es del segundo que Napoleón III será el verdadero heredero. Si Murat hubiera triunfado en 1814 y en 1815,  la faz completa de Europa habría cambiado. La unidad de Europa fue rota sólo por la fuerza, pues ella sólo podía salir adelante  por la solidaridad de sus Estados. Esa era la vía que preconizaba Murat en Nápoles al defender la concepción de un Gran Imperio que descansara sobre vínculos federales y no sobre la autoridad de un hombre. Calumniado por Napoleón, fusilado por orden de un tirano detestado, Murat muere, atrevámonos a decirlo, como un  Mártir de Europa…”

Murat fue, como también de subrayó el profesor Luigi Mascilli Migliorini,  “el primero de los mártires de la unidad italiana”. Tal es el auténtico,  excepcional e inmenso carácter de Murat, “el rey de los valientes y el más valiente de los reyes”, como dijera más tarde Garibaldi.

Por qué sorprenderse entonces ante las brillantes  alianzas que hicieron sus descendientes con la élite mundial, como lo demuestran  los jefes de la Casa Murat. Su hijo mayor, Achille,  se casó con la sobrina de George Washington; su nieto Joachim, se casó con la hija del mariscal Berthier, príncipe de Wagram, quien se había unido a su vez a una princesa de Baviera, una Wittelsbach, descendiente directa de Saint Louis…  Su bisnieto, Joachim, se casó con la descendiente del Mariscal Ney, príncipe de la Moskowa, sin mencionar muchos otros ejemplos  que figuran en el conjunto de los miembros de la familia. Alianzas con la familia real de Francia, con los príncipes Hohenzollern, etc.

Así continúa la leyenda de Murat. Hecha de riqueza, de generosidad, de profundidad, de pasión, de valentía, de genio y aureolada de grandeza. Restituyámosle el marco legítimo que le pertenece: el de la eternidad.


LAS GRANDES HAZAÑAS MILITARES DE JOACHIM MURAT

 

 

Traducido por Eduardo Mackenzie, periodista y escritor franco-colombiano

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